10/25/2012

Historia del reloj público de Alamor

Historia del reloj público de Alamor
 Marcelo Reyes Orellana 

Al finalizar el año 1913, llegó como párroco de Alamor el sacerdote Lautaro Loaiza Luzuriaga, y desde su arribo, se dio cuenta de las múltiples necesidades de su jurisdicción eclesiástica. Con gran espíritu emprendedor comenzó por habilitar caminos de herradura y construir puentes hacia la Costa y hacia la Sierra; después, instaló la comunicación telegráfica con la ciudad de Celica, y por el mismo medio, con toda la República. Sobre las vías antes mencionadas instaló el correo desde Celica-Alamor-Arenillas-Machala y viceversa, con un postillón que hacía el servicio cada quince días. Las obras suntuarias del sacerdote Lautaro Loaiza fueron fundamentalmente dos: la construcción completa del templo con sus famosas torres barrocas; y, la construcción del parque aledaño a las torres con el diseño del arquitecto Ezequiel Landázuri. Para la construcción de las torres del templo contrató para el diseño de los planos de la fachada, al sacerdote Jesuita, el alemán Joseph Bruning, quien diseñó las torres inspirado en el arte barroco, y en la cumbre lucían dos cúpulas maravillosas. Para la construcción de las torres el Dr. Loaiza contrató a los hermanos Saldarriaga de la República del Perú, pero esta primera edificación fracasó y de nuevo hubo que hacer las torres contratando los servicios de un hábil constructor ecuatoriano, el guachanameño Arsenio Espinosa, quien logró sobre pilotes de guayacán y cedro, forrar, clavar y soldar con un grueso latón, toda la fachada del templo, en forma tan perfecta, que cuando pintó la fachada de color verde claro, le dio la apariencia de un mármol tan nítido que a cierta distancia, no se notaban las soldaduras de los forros de latón. 

 Desde el año 1916 empezaron los contactos del Dr. Lautaro Loaiza con la fábrica de relojes de Berlín, a través de las comunicaciones con el embajador alemán en Quito y la cancillería ecuatoriana. Fue tan previsto el sacerdote contratante que envió los planos del padre Joseph Bruning, con las medidas exactas de las torres, advirtiendo que el clima donde iba a funcionar el reloj era cálido-húmedo, y dio la altura del pueblo de Alamor sobre los 1300 metros sobre el nivel del mar y aclaró que los metales del reloj debían ser de un material anticorrosivo, esto entre otras especificaciones del contrato. La fábrica relojera contestó que el precio total de fabricación del reloj era de cinco mil sucres que debían convertirse en marcos alemanes teniendo en cuenta que el reloj se construirá en unidad y no en serie, de ahí la razón de su alto costo. El Dr. Loaiza, sin vacilar envió de inmediato los marcos alemanes a la fábrica Metz Krupper. La fábrica envió el reloj desde el puerto de Hamburgo por vía marítima hasta Guayaquil, y de allí, hasta el embarcadero de Santa Rosa en la provincia de El Oro, allí fue depositado en las bodegas del consignatario que fue el Comandante Víctor Ollague, a fines del año 1917. En enero de 1918, el Dr. Lautaro Loaiza convocó a una asamblea del pueblo con los Comités organizados para este caso, y se llegó a un acuerdo con los hermanos Elizalde del sitio Turinumá, en la actual parroquia de El Limo, el más sobresaliente y entusiasta de ellos fue Rafael Elizalde, y él propuso al Dr. Loaiza que ningún alamoreño intervenga en el traslado del reloj, y que él, sus hermanos y la gente que contrate con sus propios recursos económicos, traerían el reloj en el plazo máximo de ocho días; y su oferta se cumplió con exactitud; y el reloj fue cargado en varillas sobre hombros humanos, y las piezas más pesadas, llegaron a lomo de mula por el camino de herradura, desde Santa Rosa Alamor, en los ocho días acordados. 

En julio de 1918, el Dr. Loaiza contrató al famoso relojero lojano, Sr. Francisco Castillo, para que instale el reloj en las torres del templo de Alamor, y con el Manual de Instrucciones de la fábrica alemana que vino en idioma español, el relojero Castillo instaló sin dificultad y con precisión matemática esta maravillosa joya de la tecnología alemana, orgullo del gran país teutón, del cual, el sacerdote Loaiza era un admirador tan sincero que logró que los planos de las torres y el reloj con toda su maquinaria, sean alemanes ciento por ciento. Después de un período de prueba y en el mes de diciembre de 1918, quedó definitivamente instalado y en pleno funcionamiento el famoso reloj de ocho esferas externas y una esfera interior pequeña que es la que regula y controla el funcionamiento de las ocho esferas exteriores. El Dr. Lautaro Loaiza esperó seis años hasta fijar la fecha definitiva de inauguración del reloj que tuvo lugar el uno de noviembre de 1924, hasta lograr unir la edificación del templo con las torres. Con todas las solemnidades, ese memorable 1 de noviembre de 1924, a las seis de la mañana se develaron las ocho esferas al tañido sonoro del ángelus y luego de todo el carrillón de campanas que elevaron a los cielos su orquestación sublime para exaltar a Dios; finalmente, una banda de músicos traída de Loja tocó las notas del Himno Nacional y el pueblo cantó emocionado. Acto seguido se celebró un Te Deum solemne entronizando el cuadro del Corazón de Jesús. Después, los niños alamoreños agasajaron a sus madres con un ágape, y ese mismo día quedó establecida, por primera vez, en la provincia de Loja la primera Feria Internacional Ecuatoriana-Peruana, circulando ese día el dinero peruano denominado “libra peruana”, equivalente a veinticinco sucres cada billete de una libra. De las dos obras suntuarias del Dr. Loaiza y a las que hicimos alusión al comienzo, quedaron los siguientes recuerdos escritos con letras imborrables:

 1.En noviembre de 1917, se publicó un boletín informativo titulado “El reloj público de Alamor”. 

 2.El 8 de diciembre de 1920, se publicó otro boletín informativo titulado “La mujer alamoreña y su templo”.

 3.En enero de 1925, se editó el folleto de 47 páginas con el título de “El tercer reloj público de la provincia de Loja”. 

Los boletines antedichos y el folleto se editaron en la imprenta “La Educación Integral” de propiedad del Dr. Lautaro Loaiza, siendo él mismo, el autor de dichos escritos. 4.Con motivo de la inauguración de la segunda obra suntuaria, el 1 de noviembre de 1930, y que fue el parque “Ezequiel Landázuri” en honor a su arquitecto constructor, el Dr. Loaiza publicó en la famosa revista guayaquileña llamada “Letras y Números” un bello artículo que lo tituló “Las Madres y las Flores” en diciembre de 1930, es decir seis años después de la inauguración del reloj. Muchos años después el Alcalde de Puyango, Dr. Víctor Hugo Tinoco Montaño, en su primera administración del 5 de enero del 2005 al 30 de julio del 2009, hizo la petición al Director Técnico de Loja, de la Subdirección Regional del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, Dr. Jaime Pozo, para que él solicite al Director Nacional el trámite para que se declare al reloj público de la iglesia de Alamor, como bien perteneciente al patrimonio cultural del Estado, en base a la petición del Alcalde Dr. Víctor Hugo Tinoco. Mediante expediente técnico del 29 de enero de 2007, la Subdirección Regional de Loja cumplió con el antecedente histórico del reloj público de Alamor, en el que consta el estudio histórico del Dr. Marcelo Augusto Reyes Orellana, en documento público, que formó parte habilitante del acuerdo definitivo. El Director del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, con oficio Nro. 551-DNPC-SRIC-07 de 19 de junio de 2007, solicitó la emisión del Acuerdo Ministerial de Declaratoria como bien perteneciente al Patrimonio Cultural del Estado al reloj público de la iglesia de Alamor. El Ministro de Cultura, Galo Mora Witt, firmó, rubricó y selló el Acuerdo Ministerial Nro. 023 cuyo texto dice:

 “ARTÍCULO PRIMERO.- DECLARAR COMO BIEN PERTENECIENTE AL PATRIMONIO CULTURAL DEL ESTADO, al reloj público de ocho esferas de la iglesia de la ciudad de Alamor del cantón Puyango, en la provincia de Loja. 

ARTÍCULO SEGUNDO.- El presente Acuerdo entrará en vigencia desde el momento mismo de su suscripción, sin perjuicio de su publicación en el Registro Oficial.” 

Finalmente, afirmamos que el verdadero Mecenas de la cultura puyanguense fue el Dr. Lautaro Loaiza Luzuriaga, por su labor altruista que perdurará a través de los siglos en el corazón de los puganguenses.

Referencias
www.cornica.com.ec


 

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